LA CRUZ DE LOS SOÑADORES

Enviado por Caimito…

No tengo muy claro si los soñadores constituimos un grupo social, cuyo alias puede columpiarse desde ilusos, pasando por optimistas, hasta el extremo de llamarnos locos, algo que no nos preocupa. También el soñar puede ser una actitud ante la vida, o un elemento de la personalidad definido como virtud o defecto. Lo que sí tengo claro es que llevamos permanentemente la cruz de sufrir constantes decepciones y a ello contraponemos el don de recuperarnos rápidamente y volver a soñar. Nunca renunciamos al intento de lograr ese algo que perseguimos una y otra vez, aplicando esa  perseverancia con olor a tozudez. Siempre el detonante de esta postura radica en un referente, sea una figura o un acontecimiento. En el ajedrez nacional de estos tiempos, la referencia tiene un nombre, Leinier Domínguez; y los acontecimientos son su propia carrera profesional. A esto, por si no fuese suficiente, debemos añadir la existencia de un José Raúl Capablanca.

Una vez más tuvimos amplia presencia en una Copa Mundial de Ajedrez, esta vez en Bakú, con cinco representantes, de los cuales, no es  un secreto, prácticamente todas las esperanzas de un destacado resultado, descansaban en el GM de güines. Y todo transcurría tal como indicaba la lógica. Cayeron el IM Ermes Espinosa, el GM Isan Ortíz y su homólogo Yunieski Quesada en la primera de las siete rondas programadas; el GM Lázaro Bruzón dijó adiós en la segunda, ronda en la que Domínguez mostró una esperanzadora recuperación ante un rival que había eliminado al experimentado GM  Kamski, el GM Melkumian.

Así se llegó a la tercera ronda, de la cual muchos creímos que nuestro representante saldría airoso ante el fortísimo GM Adams. Es cierto que el británico es un excelente jugador, pero pasar a esa tercera ronda le infringió muchísimo desgaste frente al GM Laznicka, definiendo ese duelo después de nueve partidas. El primer encuentro  de ese tercer asalto tuvo a Adams con blancas y, tal como esperábamos, no presentó la mínima intención de dar batalla; quedaba claro que él necesitaba tiempo para recuperarse y optó por pasar esa primera jornada del encuentro ante el GM cubano, sin sobresaltos. ¿Qué hizo Leinier? Calculó que salvar el escollo de jugar con negras el primer día, le dejaba en mejor posición hacia la continuación, porque el siguiente día jugaría con blancas. Muchas opiniones he leído y escuchado, algunas afirman que ahora es muy fácil opinar, y más desde nuestras posiciones, y en ello alguna razón hay, pero sigo sin entender lo ocurrido. Lo explicaré.

Es sabido que en estos torneos de altísimo nivel, cuando no se es un claro favorito, se necesita algo más que el talento y la preparación, se necesita una dosis de suerte, y esa suerte puede aparecer de infinitas formas. Una de ellas es que alguien sorpresivamente te elimine del camino del organigrama a un fuerte jugador; esto, por no ir muy lejos, facilitó al GM Granda acceder a la tercera ronda y al propio Leinier lo mismo cuando enfrentó a Melkumian en lugar de Kamski en la segunda ronda, aun sin saber qué podría haber ocurrido en caso contrario. Pues bien, tropezar a Adams en la tercera ronda viniendo éste de un encuentro disputado hasta la saciedad la víspera, y habiendo tenido el GM cubano el día libre mientras el GM británico se desgastaba ante Laznicka, era una suerte. Claro que a veces la suerte se asoma pero no somos capaces de aprovecharla. Esa primera partida ente Adams, aun sin alcanzar la victoria, pudo haberse jugado bastante más, porque cada lance, cada posición que exigiera el máximo de concentración, hacía más daño a quien más débil estaba, y ese era Adams. Lo asombroso llegó el segundo día, cuando tampoco las blancas inspiraron al GM cubano en búsqueda del punto. Ese segundo empate, igualaba el encuentro en todos los aspectos, porque además, los empates fueron en pocas jugadas (22 y 25). Adams, sin dudas se había recuperado, ahora todo dependía de lo que cada uno fuese capaz de crear, y sobre todo quién de ellos podía sacar provecho a los errores del otro, pues la modalidad de rápidas es otro ajedrez. Y ambos cometieron errores, porque se jugaron otras seis partidas, pero el peor de los errores lo cometió el GM cubano: no controlar el tiempo. Podemos afirmar que la partida fatal fue la primera de cinco minutos, donde Leinier logró un apreciable ventaja, pero en la búsqueda de la continuación óptima para concretar en el mínimo tiempo posible esa ventaja, consumió demasiado tiempo y finalmente perdió. Quiero recordar que exactamente ese fue el camino que llevó al GM cubano a ganar la última partida del Mundial Blitz de Almaty ante el egicio Amin Bassen, resultado que le permitió ganar el torneo; entonces Leinier estaba en posición inferior, y el egipcio, tratando de hallar la continuación acertada, consumió demasiado tiempo y su reloj decretó el triunfo del cubano.

Algunos nacen para celebrar, lo hacen con cierta frecuencia, quizás a esos podemos llamarles los elegidos. Otros, la inmensa mayoría, nacen para perseguir constantemente el éxito, y aunque alguna que otra vez algo alcanzan, eso que ganan, se convierte en el motor que les sigue lanzando hacia los objetivos que se quieren. Y en esto, todos somos protagonistas  en alguna medida y espectadores en la inmensa mayoría de las veces. Esos que casi siempre persiguen y escasamente celebran somos nosotros, los soñadores. Nuestra cruz: sufrir decepciones. Nuestro don: tener mala memoria para la adversidad.

Mañana será otro día…

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