Fallece Arturo Pomar a los 84 años

por Leontxo García
27/05/2016 – Pocos deportistas españoles fueron tan famosos en la posguerra como el ajedrecista Arturo Pomar, el niño portentoso que hizo tablas a los 12 años con el campeón del mundo, Alekhine. Su enorme y malogrado talento se ha apagado hoy, a los 84, en un hospital de Barcelona. Necrologia por Leontxo García en El País y artículo por Jesús Boyero en Marca y por Federico Marin en el ABC

Muere Arturo Pomar

El legendario ajedrecista, heptacampeón de España, tenía 84 años

Pocos deportistas españoles fueron tan famosos en la posguerra como el ajedrecista Arturo Pomar, el niño portentoso que hizo tablas a los 12 años con el campeón del mundo, Alexánder Aliojin (o Alekhine). Su enorme y malogrado talento se ha apagado hoy, a los 84, en un hospital de Barcelona.

Arturo Pomar, hace algunos años en Sant Cugat (Barcelona), su ciudad de residencia. Richard Guerrero

“El Mozart del ajedrez” y “el mejor embajador de España” eran algunas de las flores que Arturito Pomar recibía en Londres o en Hollywood, y también en Madrid cuando era aclamado como un héroe; el NO-DO (noticiario que se proyectaba en los cines antes de las películas) y la prensa nacional le otorgaban un trato similar al que hoy se dedica a Messi o Rafa Nadal. Eran los años cuarenta: bloqueo internacional, cartillas de racionamiento, pobres pero alegres. Los cantantes Joselito (nacido en 1943) y Marisol (1948), y el ajedrecista Pomar eran los niños que necesitaba el franquismo.

Todo empezó en 1943 cuando el insigne periodista Manuel de Agustín (1915-2001) convenció en plena calle al general Moscardó (máximo dirigente del deporte español por entonces) de que le proporcionase un destino benigno en el servicio militar porque ya había luchado en la guerra: “Ante decenas de curiosos, le demostré que el ajedrez es un deporte y le sugerí que yo sería mucho más útil organizando el Campeonato de España”, explicó varios decenios más tarde. El campeón de Baleares, Ticoulat, se negó a viajar a Madrid porque había sufrido represalias políticas, y recomendó que se invitase a un niño de 11 años que triunfaba en las islas. Paralelamente, De Agustín mantenía una lucha profesional contra Manuel Fernández Cuesta, director de Marca, que un día le dijo: “El ajedrez no me interesa, porque los jugadores están locos. Pero te haré caso si me traes un fenómeno, una luciérnaga que alumbre nuestras páginas”.

Pomar, cuya madre le preparaba chocolate con bizcochos durante las partidas, terminó el último pero asombró. Era lo que De Agustín necesitaba, para gritarle a su director: “Manolo, ya tengo la luciérnaga”. Aquel niño brilló sin cesar y, de paso alivió las penurias económicas de su familia dando exhibiciones de partidas simultaneas por doquier. A los 12 años hizo tablas tras ocho horas en Gijón con el campeón del mundo Alexánder Aliojin (mal transcrito como Alekhine). A los 14 años se proclamó campeón de España y dejó atónitos a los participantes con su 51 puesto en el Torneo de la Victoria. Los espectadores abarrotaban las salas donde actuaba y le aclamaban como a un torero desde los primeros lances.

Ese mismo año fue sometido a un examen psicotécnico por el doctor José Escudero, cuyo diagnóstico fue claro: “Se trata de un superdotado, con una edad mental que corresponde a adultos superiores”. Sin embargo, ese mismo Gobierno de Franco que tanto alardeaba de aquel niño deslumbrante no le ayudó cuando debió hacerlo. Pomar se ganó un enorme prestigio internacional -por ejemplo, hizo tablas con Bobby Fischer en el Torneo Interzonal de Estocolmo, en 1962-, pero tuvo que seguir trabajando en Correos durante los años más importantes de su carrera deportiva.

Siete veces campeón de España, ganador de varios torneos internacionales, participante en doce Olimpiadas de Ajedrez con muy buenos resultados (bronce individual en Leipzig 1960)… pero maltratado por el mismo Gobierno que tanto le ensalzaba. Quien describió esa situación de una manera más cruda y realista fue el insigne entrenador soviético Alexánder Kótov: “Si Pomar hubiera nacido en la Unión Soviética, sería aspirante al título mundial”

Muere Arturo Pomar, el Mozart del ajedrez que descubrió MARCA

En una España en blanco y negro, devota de toreros y vírgenes, que vivía con colas, estraperlo, cartillas de racionamiento y temor a que la nueva guerra mundial reviviera nuestra recién terminada cruzada, un niño mallorquín de 11 años afirmó la autoestima de todo un país

Jesús Boyero

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Actualizado 26/05/2016 23:37 CET

Arturo Pomar, el niño prodigio que apareció en el Nodo y que consiguió que Francisco Franco sonriera en la foto oficial, falleció ayer a los 84 años en Barcelona. Un talento de la naturaleza, en una España en blanco y negro, de hambre y posguerra, que aprendió a jugar a los cinco años y que a los 12 hizo tablas con el entonces campeón del mundo, Alexander Alekhine, en el torneo de Gijón de 1944.

Pomar, Arturito como era conocido, fue dado a conocer al gran público por MARCA. Su director Manuel Fernández Cuesta no creía en el ajedrez y le comentó a Manuel de Agustín, redactor, futuro corresponsal de RNE en París y entusiasta del milenario juego: “El ajedrez no interesaba a los lectores y sus jugadores están majaretas, pero si me traes una luciérnaga que ilumine nuestras páginas, te haré caso y lo publicaremos”.

Esa luz fue Pomar, cuya imagen fue aprovechada por el régimen para promover la imagen de la inteligencia nacional en los tiempos de la autarquia, del espíritu quijotesco e individualista cuando España estaba aislada internacionalmente y no tenía ni siquiera un hueco en la ONU. Pero el genio de Pomar no tuvo el apoyo necesario para aspirar al título mundial, y su única recompensa fue un puesto de funcionario en la oficina de correos de Cienpozuelos. “Pobre carterito español, cuando acabe el torneo volverás a pegar sellos”, comentó sobre el Bobby Fischer cuando acudió solo sin ningún entrenador al interzonal de Estocolmo de 1962.

Su talento comenzó a marchitarse, aunque eso no le impidió ganar en siete ocasiones el campeonato de España absoluto y lograr excelentes resultados como en el torneo de Hollywood, donde entre jugada y jugada alternó con estrellas del celuloide. Eran otros tiempos, en los que el Real Madrid tenía sección de ajedrez, y Pomar trataba de tú a tú a las superestrellas soviéticas del ajedrez.

A comienzos de los 90 dejó de participar en torneos de élite, y en 2004 hizo su última aparición pública en la Olimpiada de Calvià en la que incluso alguien tan poco dado al halago como Víctor Korchnoi, tres veces subcampeón del mundo, le premió con un gran aplauso.
FUE ESA ESTRELLA QUE DESCUBRIÓ MARCA

“Trae un’crack’ del ajedrez y será portada”

En una España en blanco y negro, devota de toreros y vírgenes, que vivía con colas, estraperlo, cartillas de racionamiento y temor a que la nueva guerra mundial reviviera nuestra recién terminada cruzada, un niño mallorquín de 11 años afirmó la autoestima de todo un país.

La España casi devastada todavía podía asombrar al mundo en el ajedrez, un deporte en el que la inteligencia se supone. La Unión Soviética comenzaban a dominar los tableros del mundo, pero nosotros teníamos a Arturo Pomar, a Arturitomejor dicho, para lanza en ristre, como un Don Quijote cualquiera, pelear sólo y sin ninguna ayuda contra los molinos del ajedrez.

Pomar vivió sus últimos años retirado en la localidad barcelonesa de San Cugat del Vallés. Perdió casi todos sus recuerdos, en una difícil partida con la vida, incluido el del papel de MARCA en los comienzos de su carrera, pero la historia y las hemerotecas no olvidan a quien tanto hizo por las ilusiones de una nación deseosa de buenas noticias.

El retrato del campeón balear se encuentra en el museo del RealMadrid. Pero hasta que todo esto llegara, el fallecido periodista Manuel de Agustín, redactor de MARCA y posteriormente corresponsal de Radio Nacional de España en París durante muchos años, compatibilizaba el trabajo, las labores informativas, con la devoción, promotor del ajedrez en todas sus facetas.

El que esto escribe compartía con él, pese a la diferencia demás de 40 años de edad, la afición por las partidas rápidas (de 5 minutos) -cultivadas en varios torneos de Linares y Campeonatos de España-. Manuel De Agustín hablaba con su verbo rápido y fácil, golpeaba el reloj de ajedrez y sacrificaba peones en busca del santo grial de la belleza del jaquemate. “¡MARCA fue el medio de comunicación que dio a conocer a Pomar al gran público!.

“En 1943, yo mantenía una cariñosa disputa de criterios informativos con el director del periódico, Manuel Fernández Cuesta, quien me dijo un día que el ajedrez no interesaba a los lectores: ‘Todos los jugadores están majaretas, pero si me traes una luciérnaga que ilumine nuestras páginas, te haré caso y publicaremos ajedrez’. Eso me estimuló, fue todo un reto personal”, decía Manuel De Agustín.
JUGABA Y COMÍA BIZCOCHO

El intrépido periodista fue uno de los organizadores del Campeonato de España disputado en Madrid y esto finalmente significó el nacimiento del fenómeno Pomar cuando el campeón de Baleares, Nicolás Ticoulat -afincado luego en Francia-, declinó participar porque había sido represaliado políticamente. Esto abrió las puertas a un jugador de 11 años que comenzaba a ser conocido en Mallorca. Ese jugador, ese niño, se llamaba Arturito Pomar, y durante “las partidas comía los bizcochos con chocolate que le preparaba su madre”, relataba el periodista.

De Agustín acudió al despacho de Manuel Fernández Cuesta para decirle casi voz en grito: “¡¡¡Ya tengo la luciérnaga!!!”. El director del periódico cumplió la promesa. MARCA comenzó a dar información y reportajes de ajedrez: “Incluso alguna que otra portada pese a que el fútbol era, como hoy en día, el deporte rey”.

Su felicidad es infinita cuando gana; si pierde, su desconsuelo es igual que el de un niño al que se le ha roto un juguete

Su madre

Pomar era un superdotado que aprendió a jugar a los 5 años, pero también un niño al que le hizo mucha ilusión el regalo de un grupo de aficionados de Madrid: una bicicleta. Su madre contaba cómo era Arturito: “Su felicidad es infinita cuando gana; si pierde, su desconsuelo es igual que el de un niño al que se le ha roto un juguete”.
EL MOZART DEL AJEDREZ

La carrera del Mozart del ajedrez, como le describían los periodistas de la época, acababa de comenzar. La fiebre Pomar, con el NODO reseñando sus hazañas, llegó a toda España. Hasta Franco no pudo sustraerse al fenómeno y le recibió con una sonrisa -algo bastante insólito- con 14 años en el Palacio de El Pardo, en 1946, tras el triunfo en el Campeonato de España y un brillante sexto puesto en el torneo de Londres.

Los padres de Pomar, con problemas económicos como gran parte de los españoles, comprendieron que su célebre hijo podía ayudarles a escapar de las penurias, y aceptaron cualquier exhibición de partidas simultáneas-en las que un jugador se enfrenta a varios jugadores al mismo tiempo- sin importarles que esto pudiera perjudicar a larga, como así sucedió, a su hijo. Daba igual, Pomar era uno de los niños del franquismo que con 12 años había hecho tablas después de ocho horas y tres sesiones de juego con el campeón del mundo, Alekhine, en el torneo de Gijón. Sobre ese enfrentamiento, el gran maestro y psiquiatra estadounidense, Reuben Fine, comentó: “Lamanera en que un chaval de esa edad ha adquirido tal conocimiento de aperturas, tal profundidad de análisis posicional y de rapidez de cálculo táctico, sobrepasa el entendimiento humano”. Pero el niño creció y creció, consiguiendo excelentes resultados. Pero la única ayuda que recibió Pomar del Régimen fue un puesto de funcionario de Correos en la oficina de Ciempozuelos en 1959. No era el mejor lugar para la preparación de un deportista. Se retiró antes de cumplir los 60 años, a vivir entre el cielo y la tierra, a un cielo azul pero a una tierra más negra que blanca.

Es periodista deportivo, especializado en ajedrez, de cuyas virtudes es gran comunicador y difusor.

Muere a los 84 años Arturo Pomar, el niño prodigio del ajedrez español

Siete veces campeón nacional, el régimen franquista lo utilizó como propaganda pero luego no le ayudó

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 En Londres, en 1946, Arturito Pomar juega contra el ruso Ossip Bernstein – Ortiz

El gran maestro Arturo Pomar Salamanca, niño prodigio eterno y leyenda del ajedrez español, ha fallecido en Barcelona a los 84 años. La noticia la daba en Twitter el presidente de la Federación Española de Ajedrez, Javier Ochoa.

Nacido en Palma de Mallorca el 1 de septiembre de 1931 y conocido durante décadas como Arturito Pomar, ganó su primer campeonato de España antes de cumplir 15 años, título que lograría en otras seis ocasiones. En 1962 alcanzó la categoría de gran maestro, el más alto que concede la Federación Internacional.

El joven prodigio fue a vivir a Madrid en 1944 y estudió en el colegio de Areneros, regentado por los jesuitas. Con 12 años, Pomar se hizo célebre al hacer tablas en el torneo internacional de Gijón con el campeón del mundo Alexander Alekhine, quien alabó su forma de juego. Otro grande, Alexander Kotov, dijo de él una frase muy citada: «Si hubiera nacido en España, sería aspirante al título mundial».

En enero de 1946, Arturito Pomar viajó a Londres para participar en el torneo internacional organizado por el «Sunday Chronicle», según informa Efe, en el que también intervino Antonio Medina, otro de nuestros grandes campeones. Su brillante actuación tuvo gran repercusión en la prensa española.

En esa época, Pomar ya estaba más que habituado a dar sesiones de simultáneas, que despertaban gran admiración. Tanto talento no pasó inadvertido y pronto empezó a ser utilizado por el régimen. Franco llegó a recibirlo en su residencia de El Pardo, mientras que la prensa, la radio y sobre todo el No-Do lo convirtieron en una estrella precoz.

El 9 de julio de 1946 logró en Santander el primero de sus siete títulos de campeón nacional, con 11 puntos, medio más que Medina, su más director rival en aquellos años. Solo Miguel Illescas supera sus siete títulos nacionales. En torneos internacionales, destaca su medalla de bronce en la Olimpiada de Leipzig (1960), una de las doce en las que participó, y su triunfo en el Abierto de Estados Unidos en 1953.

Con los años, sin embargo, fue perdiendo relevancia y abandonado por los mismos que lo utilizaron. Como funcionario de Correos, tenía que pedir excedencias sin sueldo para asistir a los torneos internacionales, a los que asistía sin ayuda económica ni técnica. Por todo ello, nunca entrenó lo necesario. En una entrevista de 1951 declaró que se tomaba el ajedrez «con suficiente moderación». Como muestra de su amateurismo, aseguraba que la alimentación tenía que ser «fuerte». «Los botes de leche condensada me sientan bien», añadió. Pese a todo, jugó partidas de gran nivel, ganó a algunos de los mejores y logró unas tablas contra Bobby Fischer en Estocolmo. Agotado por los continuos viajes, partidas y exhibiciones, empezó a sufrir una enfermedad degenerativa, con pérdidas de memoria y confusión.

Su mejor clasificación data de 1967, cuando apareció en la lista de la FIDE en el puesto 40 del mundo. Se retiró de la competición en 1977. Fue autor de tres libros de ajedrez: «Temas de ajedrez» (1956), «Las pequeñas ventajas en el final» (1958) y «El arte de ver la ventaja» (1968).

Sobre su vida apareció en 2009 el libro «Arturo Pomar: una vida dedicada al ajedrez», escrito por Antonio López Manzano y Joan Segura Vila. Enviudó en 2001 de Carmen Pérez, con la que se había casado en 1958 y tuvo siete hijos.

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