El autor de esta joya, y los compositores de finales artísticos en general, merecen admiración masiva

No hace falta que el nivel técnico del lector sea alto para que entienda la imposibilidad de evitar que las negras tengan pronto una dama muy vigorosa. Ello induce a pensar si el enunciado “Blancas juegan y ganan” no estará equivocado, en lugar del mucho más realista “Blancas juegan y empatan”. Pero no, las blancas ganan con todas las de la ley, gracias a que sus tres piezas pueden coordinarse muy bien para hostigar al monarca negro. Pero, ojo, porque eso no será nada fácil, debido a que las negras cuentan con recursos tan creativos como retorcidos. Y es ahí donde el bando ganador requerirá de sutilezas convertidas en arte de extraordinaria belleza. Todo ello junto motivará que nos inclinemos en una reverencia masiva hacia el inmenso talento de Léonid Kubbel (1891-1942), fallecido durante el sitio al que los nazis sometieron a Leningrado (hoy, San Petersburgo):
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