La tumba de Capablanca (ensayo)

La tumba de Capablanca,  ENSAYO. (20-02-2019)

por José López Santander

Una novedad familiar lamentable me hizo ir a la tumba de Capablanca ayer, y como siempre que voy al celebérrimo camposanto habanero no pude irme sin cumplir con la cita, pactada hace muchos años conmigo mismo, de hacerlo cada vez que un hecho luctuoso me llevara allí.

Quien quiera llegar al lugar le bastará con entrar por Zapata,  portón principal, y  tomar derecha bordeando el muro limítrofe con esa avenida, y contar unas tres cuadras. Debe tomar izquierda y estar atento a esa mano. Pronto verá el monumento, el rey que como el morro de la bahía destaca en su tumba por encima de ellas.

Creo que personarse allí al menos una sola vez en la vida, debe ser disciplina de quien ame al ajedrez para cargar las pilas, como reza la frase, ante quien fuera reconocido como entre los mejores del mundo de todos los tiempos. Sin embargo no poco jugadores con categoría desconocen esta tumba.

Con mi modesto celular hice cuatro fotos que coloco debajo.

Foto 1                                      Foto 2                                         Foto 3                                          Foto 4

Nunca lo hice, fue una misteriosa inspiración y sobre ellas haré unos comentarios. En las primeras dos fotos y en la última, con vista frontal, Capablanca descansa en el nicho de la izquierda. La foto 3 es  su lápida.

Aunque es evidente que el panteón donde descansan los restos del genial cubano es particular llama la atención cierto desgaste, lo que no debe de escapar a quienes vienen a visitarlo, ajedrecistas o curiosos de todo el mundo, y toman fotos. Los mármoles tienen la huella del tiempo, con algunas zonas húmedas, como ocurre con la mayoría de todas las tumbas del cementerio. El apellido

“Capablanca”, al frente del panteón, ver foto 1, está mutilado como tantos otros y aquí aparece la primera señal mística: faltan las primeras cuatro letras, es decir “Capa”, justo como era nombrado por sus íntimos, quedando así el nombre de una casilla del tablero “blanca”, como si descansara en una de ellas. Solo que aquí seguramente la mutilación fue ejecutada por personas con otras  intenciones.

Si observamos la lápida de mármol, foto 3, el epigrama no puede ser más sencillo aunque apenas legible: su nombre, título y años del reinado, tan simple como su forma de jugar luego de conocer sus movimientos, difíciles de ver antes. Y claro, no hay alguna flor, o  restos de ellas, que he llevado allí pocas veces, para ser sincero y empezar por mí mismo la crítica.

Claro que la tumba como tal no desluce al compararlas con las otras. Pero con todo respeto no todas guardan semejante tesoro histórico para Cuba y el mundo.

¿Por qué no se retoca la tumba de nuestro campeón mundial de ajedrez, referencia del juego en todo el orbe? Pienso que no es mucho lo que se necesita pues decir que la tumba está en malas condiciones no sería verdad. ¿No puede ajustarse el mantenimiento diferenciado al cementerio por parte de la Federación de Ajedrez de Cuba, u otra organización encargada de los monumentos, para atender adecuadamente esta tumba, incluida su vigilancia, en coordinación con los familiares dueños de la misma? Seguramente es algo cotidiano en otros nichos históricos.

Debo excluir de este señalamiento al rey que un artista de apellido Gelabert, si no recuerdo mal, le hizo en medio y al fondo del panteón como puede verse en las fotos. Si bien al parecer no es de material de altísima calidad como de otros monumentos, que permita mejor terminación, no se ve erosionada por el tiempo y probablemente ha sido atendida. Volveré a este monarca más abajo.

Capablanca era admirado por las féminas como es conocido, y se ha escrito en algún lugar que una admiradora lo asedió de torneo en torneo por Europa. Una de ellas fue al menos en Argentina, una actriz de ese país cuando el campeonato mundial, según alguna fuente que leí alguna vez. Quienes hayan visto la película La Fiebre del Ajedrez, rusa, donde aparece Capablanca pues presenció una escena donde el cubano se acerca a una mujer obstinada en su disgusto nada menos que con un marido ajedrecístico, la recoge en un auto y se monta tras ella para partir de inmediato. Por supuesto, es una ficción, pero el cubano aceptó el papel, ¿y por qué a él?, de acercarse a una mujer atribulada por el ajedrez, chispeante humor.  Pues sucede que Gelabert quiso hacer un rey y no le colocó la cruz encima que conocimos, al menos en Cuba, en los juegos de ajedrez tipo Staunton (ver foto 5) que desde  los sesenta y después, aunque no en otros modelos,  diferencia al monarca de la reina. Luego, para mí hizo una dama y no un rey,  compárese  la corona de la  dama negra Staunton de la foto 5 debajo con la de las fotos 1, 2 y 4, y verán el parecido, y así pienso que hasta en su tumba lo acompaña una dama, no un rey. ¿Será otro detalle místico?

Foto 5 Piezas Staunton

Este trabajo terminaba con el llamado del final, pero no así, y desconozco qué me hizo revisar la fecha del torneo de San Sebastián 1911. ¡Quedé boquiabierto!

La primera partida de Capablanca se jugó el 20 de Febrero de ese año; es decir, hoy, en el momento que escribo estas notas se cumplen exactamente 108 años. El mundo del ajedrez no olvida esa primera partida de Capablanca jugada contra Ossip Bernstein, que se hizo famoso al criticar a Marshall en público por llevar principiantes, a Capablanca, a ese torneo, y tocarle justo en la primera ronda enfrentarlo.  Pues fue primer escalón en el ascenso del cubano a la inmortalidad.

Se arrepentiría de por vida.

No sé Uds., pero yo, que nunca he sido místico, interpreto lo siguiente: Bernstein sirvió un 20 de Febrero del 1911 para sacar a Capablanca a la luz al ser derrotado aplastantemente, fue Premio de Brillantez del cubano. ¿Servirán estas notas 108 años después para dar luz a un resurgir  de Capablanca, entiéndase su tumba?

No es ocioso recalcar que la bóveda no está en malas condiciones, sino deslucida por los detalles citados.

Quizás estemos en la primera ronda de esta propuesta que podría llamarse

“Campaña San Sebastián 1911”, para que encuentre eco ahora que viene el 500 aniversario de la ciudad de La Habana en Noviembre dieciséis, a pocos días del aniversario del natalicio 131 del genial cubano, el diecinueve. Creo que es bien poco lo que exige esta restauración:

Sirva este trabajo de pequeño homenaje a José Raúl Capablanca Graupera, el cubano universal que jamás aceptó otra bandera que no fuera la suya. ¿No merece Capablanca tener también su bandera cubana en su tumba? Desconozco si hay reglamentaciones para ello.

Algún colega tiene el hábito de bautizar sus propuestas ajedrecísticas, aquí tienen la primera mía.

José López Santander.

jlopez@creador.icrt.cu

tigreroy@nauta.cu

Móvil: 54388829

Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*