Castigo fulminante
Complicar la partida para provocar posiciones agudas requiere cierto cuidado ante los peligros tácticos
Caruana: nº 2, y subiendo
El ítalo-estadounidense habría sido un rival muy duro para Carlsen en el Mundial de Nueva York
Cómo ganar a la campeona
Una de las virtudes que ayudan a vencer a un rival superior es la valentía, sobre todo con más espacio
Brillante idea malograda
Un concepto magnífico pone a su autor cerca de una victoria inolvidable; pero aún hay que rematar…
Salvación mágica
No se debe seguir jugando en posiciones totalmente perdidas, pero a veces lo parecen y no lo están
El número 92 de la prestigiosa revista Finales y Temas, dirigida por el argentino José Copié, arranca con una de la muchas composiciones brillantes del letón Herman Mattison (1894-1932), cuya vida fue tan corta (murió a los 38 años por tuberculosis) como fructífera. Además de crear tantos finales artísticos inmortales, Mattison también fue un jugador destacado, que superó a Euwe y Colle en el llamado I Campeonato del Mundo de Aficionados, celebrado al mismo tiempo que los Juegos Olímpicos de París 1924; y ganó a Rubinstein y Aliojin en la Olimpiada de Ajedrez de Praga 1931. El primer vistazo indica que las blancas están perdidas sin remedio: tienen una pieza menos, su peón está controlado y amenazado, y el peón negro amenaza con una coronación inmediata y decisiva. Pero un análisis más profundo descubre un rayo de esperanza: el rey negro en la banda con el blanco casi enfrente puede ser víctima de un contraataque salvador. Lo que ya no es tan nítido es el camino que debe seguirse para lograrlo, cuyo final incluye además grandes golpes de enorme belleza:
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